martes, 21 de abril de 2020

Nº 25



- Este era yo con veintipocos años.
- ¡Qué pelo! Dice Jorge.
- Era la moda de entonces. Había un movimiento al que  se denominaba “hippies”. Hablaban de paz, de amor… Y llevaban el pelo largo y barba. Como ahora, que os lo cortáis casi al cero y os ponéis una cresta. Son costumbres que van cambiando con los años y todos, o algunos, nos adaptamos a esos cambios.
- A mí me gusta cortado. Es más cómodo.
- Pues sí.

Nº 24

- Este cuadro se titula “1968”.
- Y ¿qué significa 1968?
- Es un año del siglo veinte, el siglo pasado. Yo estaba estudiando. Y llegaban noticias de protestas que se llevaron a cabo en Francia iniciadas por grupos estudiantiles contrarios a la sociedad de consumo, a los que posteriormente se unieron grupos de obreros industriales. Como resultado, tuvo lugar la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia, y posiblemente de Europa occidental, secundada por más de nueve millones de trabajadores. Influido por esas ideas quise representar la opresión de las clases más desfavorecidas por los poderes del capital. Yo creo que, todavía hoy, hay gran diferencia entre los ricos que tienen mucho, y les sobra, y los trabajadores que andan contando sus dinerillos para llegar a fin de mes.
- Y otra vez los pintas desnudos, pregunta Candela.
- Pienso que los vestidos, los ropajes, representan la cultura de una época, mientras que desnudos, se transmite la esencia del mensaje, que es de todos los tiempos.
- Mmm… (Candela ha puesto cara de circunstancias).

lunes, 20 de abril de 2020

Nº 23

- Este cuadro tiene fecha de 1976. Pero yo creo que lo hice alrededor de 1970. Y lo llamé “La guitarra verde”. El título es un eufemismo.
En mis primeras pinturas me gustaba investigar imitando a Picasso. Aquí hay collage, acuarela y no me acuerdo qué más.
- Por estas fechas pinté un gran cuadro para una residencia de estudiantes de Sevilla. Medía 250 x 175 cms. Estaba más o menos en este estilo. Recuerdo que en el taller donde lo pinté tenía una reproducción de “El Guernica”. Pero ya sabes que el cuadro de Picasso está realizado en tonos grises. Yo le puse mucho color pues era para que lo viera gente joven, Pero ¿sabes qué pasó? Que cerraron la residencia y el edificio lo vendieron para hacer pisos, con lo cual el cuadro desapareció. Pasados los años alguien me dijo que se había vendido a una discoteca de Sevilla, pero no pudieron aclararme cuál. Entonces yo no tenía cámara fotográfica, así que he perdido toda la pista. Y el recuerdo que tengo es que era bastante agradable. Ya ves las cosas que pasan cuando uno es joven y no se preocupa de guardar constancia de las obras que hace.

Nº 22

- Este me gusta.
- ¿Por qué?
- Porque tiene mucho color. Y parece que lo ha hecho Candela.
- Pues te voy a contar. Yo trabajaba en Madrid en una empresa que vendía máquinas de coser que se llamaba ALFA. Y resulta que Pablo vino también a trabajar en la misma empresa. Pero él estaba en una tienda en Cuenca. Quería decorar las paredes y yo le pinté un cuadro grande, de casi dos metros de ancho. Este es el boceto.

- ¿Por qué las pintas sin camiseta?
- Realmente no lo sé, pero quedaba bonito. Al cabo de los años Pablo volvió a Novallas y la tienda la regentó otra persona. He observado que, en este tiempo, algún propietario puritano lo ha censurado pintando una especie de camisetas para tapar los pechos de las figuras. ¡Qué desastre!

¿Habrá algo más inocente para que alguien pretenda enmendar la plana al autor? ¿Qué te parece?

- Que está mejor como el boceto.

domingo, 19 de abril de 2020

Nº 21


-        Candela y Jorge, os voy a comentar este cuadro. La abuela Dorotea vivía en Fontellas. Allí nació mi madre, vuestra bisabuela. Yo lo considero mi segundo pueblo.
Cada cierto tiempo íbamos a verla. Cogíamos el autobús, “la tudelana”, en la parada que estaba al lado del cuartel. Llegábamos a Tudela y allí tomábamos otro autobús hasta Fontellas.
Andando desde la carretera veíamos la casa de la abuela entre las primeras del pueblo.
Teníamos muchos primos y primas con los que jugábamos. La abuela Dorotea iba siempre encorvada, fruto de alguna lesión que tenía en la columna vertebral. En la parte de atrás de la casa estaba el corral y había una nave que llamaban “el pajar”. Seguramente porque se habría utilizado para almacenar paja para los animales del corral. Había gallinas, patos, conejos y hasta una vaca. Un día que hacía mucho viento nos quedamos en “el pajar”, y para no aburrirme pinté lo que veía:
A la derecha la puerta que da al corral, con la cortina ondeando por el viento, igual que la de la ventana. En la pared colgaba un cedazo y delante un lavabo-tocador con una maceta. En el macetero un gramófono. Creo que lo habían utilizado en los bailes de los domingos. Seguido un banco, y al fondo, somieres, colchones y objetos sin identificar. En el medio, una silla solitaria. Y en el rincón del fondo se ven algunas telarañas.
Así pasábamos los días que íbamos a ver a la abuela. Y éramos felices.

Nº 20

-        ¡Qué vieja!, dice Jorge.
-        Es la abuela Jerónima, tu tatarabuela. ¿Recuerdas la que me dio un vaso de agua con vinagre cuando tiré a Pablo al río?
-        Sí.
-        Pues ésa. Dicen que yo era su nieto preferido. Y me llamaba Carlicos. En agradecimiento yo quise hacerle un retrato. Ella me decía:
-        ¡Quita, quita! No tengo otro quehacer que quedarme quieta mirándote.
Y yo:
-        Abuela, que si te mueves no puedo pintarte.
Y así, entre conversaciones y quehaceres conseguí hacerle este cuadrito. No está muy elaborado, pero a mí me gusta por la espontaneidad que tiene y porque me trae recuerdos de cuando vivía con nosotros. Era muy cariñosa y, si no la veía mi madre, me daba una galleta o una onza de chocolate. Yo creo que me parezco algo a ella. Tú ¿qué crees?

Nº 19

-        ¿Por qué pintas los tejados?, me dice Candela.
-        Mira, yo había venido de vacaciones a Novallas en el mes de agosto. Y mi padre, tu bisabuelo, había hablado con un concejal de Tarazona, que él conocía, para facilitarme una exposición en la Sala de Arte “Cardenal Gomá”, que estaba en la plaza. Como no tenía suficientes cuadros para exponer, todos los días cogía mi caballete y un lienzo y me paseaba por todas las calles para ver si me gustaba pintar lo que veía. Andando por el barrio “El Cinto”, por unas calles muy estrechas, vi estas torres de una iglesia, que se llama La Merced, y me pareció curiosa la vista desde arriba y las huertas al fondo. Mientras pintaba acertó a pasar por allí un cura de Novallas, amigo mío, que se llama Don Cirilo. Me dijo:
-        Hombre, ¡qué bonito! Pintas bien. Pero ésta es una aficción muy cara.
Bueno, pensé yo. Algún día podré vender un cuadro y recuperar lo que ahora me estoy gastando.
Lo cierto es que, a finales de agosto, tenía 30 cuadros, entre los que ya tenía pintados y los que hice durante ese mes.

Le exposición se hizo en el mes de octubre y fue mucha gente a verla. Era mi segunda exposición. La primera la había hecho en Novallas un año antes.